Reseña - Entre Dos Tierras Dir. Sebastian Del Callejo

Reseña Entre Dos Tierras

Dir. Sebastián del Callejo


Extraño un poco esta sensación de escribir sobre una película hecha en Baja California y, sobre todo, de Tijuana. Hay un sentimiento muy íntimo sobre la identidad que florece a partir de estas creaciones, las cuales tienen características provocativas al diálogo familiar, migratorio, cultural, económico, artístico y, sobre todo, un valor fuerte en el patrimonio. Aquellos allegados a mí conocen que mi diálogo constantemente se direcciona a la preservación cultural e histórica de la región, ya que esta emprende un discurso bastante importante entre los bajacalifornianos, la población en México e internacionalmente, sobre cómo se vive la identidad entre las fronteras, dos naciones, dos ciudades y dos tierras que permanecen unidas por un pasado territorial y que ahora es dividida por una línea política.

Ahora, con esta pequeña entrada, me gustaría empezar a hilar la película poco a poco, de Callejo, en cómo esta narrativa suma a varias voces que viven en esta ficción, dando una imagen reflexiva de cómo esos matices pintan ciertos panoramas en Tijuana y San Diego.

En este camino se desprenden dos historias muy claras: la de Rodrigo y la de su hijo, ambos entendiendo un presente con resentimiento palpable, cuyo sentido radica en el pasado no resuelto por nuestros protagonistas. Aquí hago una pausa para admirar que, aunque parezca que la historia tiene su centro en Rodrigo por el peso que tienen sus acciones hacia las personas que lo rodean —pero me gustaría hablar de eso más adelante—, esta película nos habla de un panorama que se bifurca de una forma inteligente, ya que tomamos la perspectiva del hijo y nos da un pedazo de una historia, una luz joven; y cuando vemos a Rodrigo, también vemos otro pedazo de la historia, pero con una luz un poco opaca, no por su edad, sino por cómo las circunstancias, sus acciones y sus características le han formado esa luz.

Continuando, cuando seguimos viendo la película podemos apreciar que hay una persecución bastante notoria sobre el trabajo y la protección de la familia. Estas forman un espacio donde respiran todos los personajes y que, sucesivamente, en el transcurso generan una fricción que fuerza a todos a empatizar con el porqué Rodrigo ocultaba su realidad a las personas que más amaba y cómo, sucesivamente, el hijo sufría por la forma en que la ausencia de su padre formaba un carácter reservado y distante sobre sus luchas de identidad, su pareja y su abuela, a la cual aquí abro espacio para poder hablar de ella, ya que se forma de una manera interesante como una figura materna universal en la historia y un recordatorio insistente sobre el amor incondicional. Esto me hizo sentir una calidez muy reconfortante, regresando a mis memorias, en cómo mi madre me ha protegido, en cómo mis seres queridos están ahí para apoyarme a pesar de las circunstancias.

Como prometí, iba a hablar sobre las acciones de Rodrigo y también hablaré de Fátima (la pareja de Rodrigo) y Ximena (la pareja del hijo de Rodrigo). La línea que va trazando la narrativa central escala en gran parte sobre cómo va aperturando, ya que al principio vemos a un padre muy frío y estricto. Conforme pasa la historia, no solo vemos cómo Rodrigo va desenredando sus conflictos, sino que también todos crecen con él.

Cuando él cruza a EE. UU. para un trabajo de forma indocumentada, nos revela cómo esta realidad suele decaer con la pandemia y también por la pérdida de su visa turística. Esto desprende una capa que poco a poco es insostenible para Rodrigo, hasta que se enfrenta a una realidad donde la muerte de su madre lo empuja al regreso a su casa en México.

Fátima y Ximena, aunque muy diferentes, forman parte de cómo nuestros pilares centrales en nuestras vidas nos sujetan y nos aceptan para protegernos de una tragedia, y en esta película lo retrata de una forma especial. Ambas dan cariño, recordando a la imagen brillante y oscura de los personajes.

Hay una notoria apreciación sobre cómo la fotografía, de una forma que a mí me sorprende, se transforma en un ente invisible y visibiliza la emoción de cada escena: la luz y el color. Esto hace que haya un aire natural sobre lo que estamos viendo desde cada perspectiva de los personajes, muy relativamente a un estilo de Perfect Days, donde el punto de vista lo vemos desde una tercera persona, apreciando lo que vemos alrededor, sin sobresaturar el recurso que muchas veces se utiliza de siempre tener la cámara en la cara del personaje. Quizá esta herramienta sea efectiva para una dramatización y tensión, pero aquí es todo lo contrario. Sin olvidar mencionar cómo la música participa muy silenciosamente en la película, con cuerdas suaves y también con una nostalgia, haciendo que no solo la imagen te invite a entender la historia, sino que la música también te invite a sentirla físicamente.

Por último, unas reflexiones y análisis sobre la dirección de Callejo. Creo que Sebastián hizo una película con una pasión incalculable. Cuando vemos la parte de créditos, vemos que el esfuerzo de Sebastián logra conectar con talentos en la parte de producción como Fulvio Cortez, Angélica Toba, Andrea Falcón, Alfredo Unibe, Marla Arreola, Javier Espinoza y más por mencionar. También es innegable la participación del Centro Universitario de Tijuana y un apoyo del IMCINE. Todo esto refleja cómo Callejo logra, en una parte, de forma exitosa, la producción de esta película y, por otra parte, cómo Sebastián entendió que cada papel en su película no podía ser ignorado, lo cual hace ver una virtud muy fuerte. También podemos ver su parte creativa, que pinta de forma muy colorida y profunda una historia que se acerca a la realidad de muchas familias en la frontera con Estados Unidos de América.

Mi conclusión cierra en que es importante seguir yendo a las salas de cine donde podamos apreciar estas historias. Ya sea, en este caso, que fue organizada la proyección en Cinépolis, también necesitamos dar una exposición sobre la Cineteca Tijuana, la cual recientemente acaba de estrenar a un nuevo coordinador con mucha experiencia en el área del cine fronterizo, nacional e internacional: Dr. Juan Alberto Apodaca.

También haciendo énfasis en la importancia en la asistencia de salas de cine independientes como Cuarto Latente, gestionado por Rodrigo C. Aguilera; Proyecto(r), de Eduardo Ortiz; Sala Cinema Tecate, de Vei; Mnemosyne, de la actual representante de la Secretaría de Cultura de Tijuana, Yadira Gutiérrez; Cine Club UABC; el cine club de Cuauhtémoc Ruelas, entre otros más.

Es importante que sigamos poniendo el dedo sobre el renglón de que las salas de cine deben y son parte esencial y el medio final del cine, ya que, sin ellos, no hay comunidad, no hay diálogo, no hay preservación de patrimonio, no hay un contacto palpable que evoca la sala de cine al espectador, la cual es generar esta geografía de géneros, un espacio seguro e inclusivo y, sobre todo, cultural.

Doy alto reconocimiento a Javier Espinoza por organizar la proyección y por su ardua labor sobre la exposición del talento bajacaliforniano. Necesitamos más personas que estén apasionadas por este cine, ya que, sin eso, ¿quién nos hará memorizar dónde nuestros pies están parados?

Con esta pregunta cierro. Dejo a ustedes las conclusiones y demás reflexiones.

Gracias a ustedes por leerme y no dejar de seguir a mi proyecto Duo Cine, que representa una voz mía que desea que el cine esté más cerca de la gente. Tengo mucha pasión por eso. Amo mucho la comunidad cinematográfica en mi país natal. Mi apoyo siempre será incondicional hacia el cine mexicano y, nuevamente, gracias a aquellos que me han acompañado incondicionalmente en el proyecto en cualquier parte de su etapa.

Les mando un gran abrazo y nos vemos en la sala de cine.

Reseña escrita por:

Leonardo P. Mendizábal 

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